Quiebros y requiebros

Publicado: septiembre 14, 2011 en General
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¿Conoces esa sensación de cuando algo se quiebra por dentro? Es ese momento en el que el tú y el yo escogen caminos diferentes. Al principio marchan muy juntos, cercanos el uno del otro. Pero a medida que avanzan los caminos, estos van bifurcándose, haciendo al final cada uno una curva tan pronunciada que el yo deja de lado al tú, y el tú ya no puede ver al yo. Entonces van en sentidos diferentes. Uno a la izquierda, el otro a la derecha.

¿Conoces esa sensación de cuando algo se quiebra por dentro? Es ese momento en el que esa duna que llevaba tiempo impasible observando el mundo, comienza a deshacerse con el viento, que se lleva millones de minúsculas motas de polvo, rompiendo hasta entonces lo que era un sistema perfecto.

¿Conoces esa sensación de cuando algo se quiebra por dentro? Es ese momento en el que la supernova estalla al consumir todo el hidrógeno que llevaba dentro. Durante un tiempo su fulgor sobrepasa al de todas las estrellas de la galaxia para después desaparecer por siempre.

Cuando algo se quiebra por dentro, una pequeña fibra del corazón se seca, y el mecanismo ya no funciona como lo hacía antes. Los engranajes ya no ajustan, las mañanas son mas frías y la leche es más amarga.

Cuando algo se ha quebrado muchas veces, es dificil mirar hacia delante, pero lo haces porque esperas algún bálsamo que devuelva la vida a tu reseco corazón.

Escribiendo sueños

Publicado: agosto 26, 2011 en Prosapoesia
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Con mis manos pequeñitas acaricio el cielo y robo las estrellas que te regalo cada noche en silencio.

Había una vez un lobo feroz que todos los días devoraba cientos de corderos.

Las olas barren nuestros nombres rasgados en la arena.

Oigo la llamada de los niños perdidos. Quieren que vuelvas.

Cada vez que pronuncio tu nombre, de mi boca salen después cientos de diamantes.

Los cuentos que nunca contamos, los escribo cada noche en mis sueños.

Jana

El fin del mundo

Publicado: febrero 23, 2011 en General

Mr Smith dijo que vendría, pero no sé nada de él desde ayer por la noche, cuando me llamó. Me pedía que nos viéramos aquí, en la Estación Central, pero ha pasado más de una hora. Tendría que haber estado aquí a las cinco.

Estoy sudando, mis axilas están empapadas y creo que voy a morir. Mis manos se están agarrotando poco a poco, los músculos de mis brazos se vuelven graníticos y parece que van a estallar. Si Mr Smith no llega estoy seguro de que voy a morir en breve.

Todo comenzó una mañana. Me levanté mareado. El corazón palpitaba de manera desenfrenada. Fui al baño y me miré en el espejo. Mi cara se había vuelto del color de leche, tanto que mis venas se transparentaban. Comenzó a faltarme el aire y decidí mojarme la cara.

De repente, un dolor indescriptible. Tuve que vomitar y al hacerlo expulse un asqueroso moco de color amarillo.

Fue entonces cuando mis manos comenzaron a agarrotarse, mis brazos y mis piernas empezaron a endurecerse. Parecía que iba a convertirme en una estatua. El pecho me dolía cada vez más oprimiendo mi corazón.

Desesperado salí del baño y fui a la cocina, y de camino encontre encima de la mesa del comedor un sobre de color ocre con mi nombre. Eso, no estaba allí ayer.

Dentro había una nota:

“Usted ha sido envenenado. En unos minutos su cuerpo se habrá endurecido como si fuera hormigón. El proceso es doloroso y le conducirá a la muerte. Su corazón estallará. Pero es reversible. Si se inyecta el vial que he adjuntado en el sobre, detendrá un día el proceso. Si no lo hace, morirá.

Inyéctese el vial y espere nuestra llamada. Le daremos instrucciones. Sólo queremos demostrarle que está en nuestras manos.

MR. SMITH”

Como pude me inyecté el vial, y poco a poco mis músculos empezaron a aflojarse. La opresión en el pecho cesó y la respiración fue volviéndose pausada.

No sabía que pensar, pero de lo que estaba seguro era de que esta gente iba en serio.

Llevo un par de meses investigando algo, y estoy seguro de que eso es lo que quieren a cambio de devolverme la vida.

Enredando y desenredando

Publicado: febrero 4, 2011 en General

La noche que nos vimos tú llevabas vaqueros rotos y yo las uñas mordidas de tanto esperar. Los dos habíamos bebido, y cuando nuestros ojos se encontraron vimos que estaban inundados de alcohol. Tampoco tanto para perder el control, pero sí para atrevernos a hablar y a soltar lo que pensábamos. A sacar de nuestro cuerpo la bilis, el orgullo, y las palabras que no queríamos enseñar.

Sonreimos y una cosa llevo a la otra, y nos volvimos a besar. Y después de ese encuentro, hubo muchos más, pero con el tiempo volvimos a perdernos. Y de nuevo, una noche, después de muchos años nos volvimos a encontrar. Tú más viejo y triste, yo, como siempre, cansada de esperar.

Y así en un tira y afloja vivimos una eternidad. Gastamos la vida enredándonos y volviéndonos a desenredar. Todo por el miedo de volvernos a enamorar.

Las arrugas llenaron nuestras caras, las manos perdieron su suavidad y el brillo de nuestros ojos se empezó a empañar. Dejé de vestir como una chica para vestir como una mujer. ¿Recuerdas? En esa época pensamos que tendríamos una nueva oportunidad.

Pero un día tus ojos dejaron de brillar, y te fuiste de verdad. Ahora añoro nuestras noches de batalla, las risas y el incoveniente de querernos a ratos, de amarnos a veces y de odiarnos los días impares.

Nos hicimos mayores sin querer querernos, pero temiendo perdernos. En mis sueños ahora se repite nuestra primera vez, y yo la pinto con la valentía que no tuvimos. Y sueño esa vida que quisimos pero que no nos permitimos vivir.

Estreno nuevo tema en el blog, y esto se merece un post memorable. Así que como no sé si voy a conseguirlo, trataré al menos de poner por escrito algunas reflexiones que giran en torno a ese sentimiento que suele acecharnos: la tristeza.

A veces, cuando leo vuestros comentarios, queridos lectores, no puedo evitar sentirme responsable de estas palabras que aquí he vomitado. No tengo tanta capacidad como para influenciaros, pero quiero que sepáis que todo lo que aquí escribo es fruto de mis vivencias. Sin embargo, a pesar de que a veces mis palabras reflejen tristeza, lo que quiero destilar al final es el deseo de luchar.

Hace un par de meses sucedió algo muy triste en mi entorno. De esas cosas que no suceden todos los días, pero que te dejan una huella indeleble. Algo que de repente te para en seco y te saca de tu órbita.

Mi reflexión ante esto es que la vida es una sucesión de hechos que debemos afrontar y para la que nadie nos ha facilitado un manual. La clave está en sobrevivir aprendiendo a disfrutar de las pequeñas cosas.

Hace no mucho un conocido de alguien, se quitó la vida. Lectores que me leeis, lobos atormentados: Entiendo vuestra tristeza. Comparto vuestro dolor, pero el suicidio no es el camino.

Sobrevivir es luchar por vivir. La vida está llena de cosas por descubrir. Es una pequeña caja llena de momentos. Es cierto que a veces parece que no cesamos de sufrir. Que nadie nos escucha, nadie nos entiende, nos sentimos sólos, vacios, inertes. No es cierto.

Abrid los ojos y buscad entre el barro. Hay muchas razones para seguir luchando.

PD: Hay quien se autodestruye lentamente y quien decide acabar con todo en un momento. El resultado es el mismo.

Esta mañana he leído en El País una noticia que me ha transportado irremediablemente al Mundo Feliz de Huxley. Durante muchos años me he sentido fascinada por ese libro y hoy me he dado cuenta de que, cada vez y a nuestra manera, estamos más cerca de esa distopía que describió Huxley en su libro.

Caminamos así por el sendero opuesto de la sociedad ideal. En nuestra sociedad occidental cada vez estamos más imbuidos en la espiral del culto al cuerpo y a la juventud. No toleramos envejecer y sentimos un temor irracional por la muerte. El fin de nuestra vida no es hecho normalizado. No como antes, cuando nuestros abuelos velaban a sus muertos y los despedían con amor, con ternura. Hoy todo es aseptico, y la muerte nos produce repugnancia. Pero es algo a lo que todos llegaremos.

En Un Mundo Feliz ese culto a la belleza y la juventud recorre todas las páginas del libro. Lo mismo que el soma, esa sustancia que te evade, y que anula la tristeza.

Esta mañana al leer la prensa digital, he pensado que nuestro soma es el Prozac, el Seroxat y todas esas sustancias que tomamos aunque no estemos enfermos. La depresión es diferente de la tristeza, pero hoy recurrimos a los antidepresivos en cuanto nos sentimos desmotivados. Somos poco tolerantes ante el dolor y el sufrimiento, y reclamamos nuestro derecho a ser felices. No entendemos que la vida nos hace reir, y nos hace llorar. No entendemos que todo forma parte del proceso de vivir y sentir. Y sentir es lo que nos hace humanos y nos permite aprender.

Hace años cuidaba de una señora mayor, y recuerdo que siempre me decía que el matrimonio es muy bonito, pero que hay que aguantar mucho. Hoy no aguantamos. Somos la sociedad desechable. La que no quiere sufrir, la que huye de la vida, y reniega de la muerte. Somos los hombres y mujeres que no quieren crecer. Somos la distopía de Huxley.

Y todo esto, no tiene nada ver con que hoy cumpla 29 años.

Las conversaciones cibernéticas para reflexionar sobre lo divino y lo humano. Metafísicamente hablando, somos un mota de polvo en medio de un largo camino. Somos insignificantes y nos creemos especiales en un universo, que sirve para seguir alimentando nuestro ego, olvidando que a veces olvidamos las cosas que verdaderamente importan.

¿Qué puedo decir? Que yo tambien olvido, malvivo y revivo. Pero a veces en mañanas como esta, cuando me despierto al lado de una sonrisa y pienso en los vericuetos del destino… Cuando pienso que jamás me imaginé viviendo, conviviendo, casi casada con mi destino… Cuando pienso en su respiración, en el olor de la piel, la suavidad de la sábana, el olor a tostadas, en la forma que tienen los arboles del parque al doblarse. Pienso entoces que a veces estamos ciegos y no vemos lo que verdaderamente importa.