Con mis manos pequeñitas acaricio el cielo y robo las estrellas que te regalo cada noche en silencio.
Había una vez un lobo feroz que todos los días devoraba cientos de corderos.
Las olas barren nuestros nombres rasgados en la arena.
Oigo la llamada de los niños perdidos. Quieren que vuelvas.
Cada vez que pronuncio tu nombre, de mi boca salen después cientos de diamantes.
Los cuentos que nunca contamos, los escribo cada noche en mis sueños.
Jana
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