A los 28, dos para los treinta, sigo creyendo que soy una niña que vive en un cuento. A los 28, dos para los treinta escucho Suede y creo que todo fluira en un eterno mar que no deja de arrastrarme hacia el centro del universo.
A los 28, dos para los treinta, no sé si es amor lo que siento. No sé porque sigo sonriendo, si he sufrido tanto y he tenido tan poco tiempo.
A los 28, dos para los treinta, no quiero tener dinero, pero me encantaría que un lindo chucho me lamiera la cara por las mañanas, y menera la cola cuando vuelvo.
A los 28, dos para los treinta, sigo conviviendo con ciertas manias que nacieron hace diez años y que no me dejan porque no quiero.
A los 28, dos para los treinta, miro con curiosidad el futuro y con extrañeza el pasado, porque hay momento de niebla, humo y fuego.
A los 28, dos para los treinta, me sigo sintiendo una niña que quiere seguir viviendo su propio cuento.