Hace ya una semana que te dije adiós y lo que no sabía es que ésta sería la última vez que mis ojos verían tu luz. Y así, después de casi tres meses de ir y venir, nuestra amistad se ha perdido por el camino, presa de mis desconfianzas y de tus miedos. Me había acostumbrado a escuchar tu risa los sábados, a oirte decir estupendo y ahora sólo me quedan las cosas vividas y los recuerdos. Pero no se puede vivir del pasado. Me ayudaste cuando pasaba por un mal momento y me escuchaste cuando te necesité. Te dije cosas que te dolieron y no me arrepiento. Tus miedos eran mis miedos, tus agobios mis agobios. Tus palabras pesan como losas, que me asfixian, que me ahogan… Yo no me esperaba nada de esto, y ahora sólo quiero que pase el tiempo. Aprender del dolor y hacerme fuerte. Es triste saber que no voy a volver a verte. Te cogí cariño y ahora tengo que aprender a perderlo.