Hace un mes, una mujer de pelo rizado, sonrisa extraviada y mirada perdida me echó las cartas. No sé si creer en esas cosas, porque mi yo racional me indica que ver el futuro a través de una baraja (aunque sea de poker) es imposible, pero mi yo místico me dice que “las meigas, haberlas haylas”. Así que allí estaba yo, circunspecta, sin saber qué decir o hacia dónde mirar.
Las cartas decían cosas que encajaban, aunque supongo que le podrían haber encajado a cualquiera. Pero curiosamente me quedé sorprendida con dos interpretaciones que hizo la pitonisa
. 1. Que estaba buscando la estabilidad, y que la encontraría, y 2. que esa chica que ama más el campo que la ciudad, y que preferiría perderse entre los árboles, en lugar de en el asfalto, haría un viaje e iniciaría una convivencia.
La mujer acertó de lleno. En casi todo, pero sobre todo en eso. Lo que dijo en general era más o menos bueno, pero me parece que no quiero volver a vivir una experiencia de este tipo. Aunque crea que hay un destino más o menos escrito, me gusta pensar que nosotros también determinamos una parte de ese destino.
Respecto a lo de la estabilidad, ¿quién no la busca continuamente? El otro día leí, que Paulo Coelho decía algo así como que, quién se encuentra perdido y encuentro pronto su camino, volverá a perderse. Así que vamos a darle tiempo a esa búsqueda. Habrá que hacer uso de mapas, brújulas, y por qué no de GPS.
El miércoles pasado me corté el pelo. Mi ya largo cabello negro, ha dado paso a una corta melena estilo paje. No sé si esto entraba dentro de los planes que las cartas tenían trazados para mí.
He vuelto. L.